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viernes, 15 de octubre de 2010

De sirenas y peces

El suicida adolescente
se encarama a la barandilla
del puente de La Boca.

Desde su posición altruista
se divisa el río majestuoso
con sus cáscaras de nuez crepusculares
sus lejanos y somnolientos
bramidos de aceite
sus temerarios surcos
grises.


Desde allí abraza las íntimas
las pintorescas
las melancólicas
terracitas de Maciel
con su batifondo
de sábanas gastadas
sus tablas de lavar
canillas rotas
sus gatos espectrales
impregnados de hollín

El suicida se regala un último atisbo
una última reseña de horizontes
una última chupada al cigarrillo
y al través del humo
sobre él
o en él
adivina una orilla en el recodo
y una blanca mujer que se descalza
se libera la ondulante cabellera
se despoja
de ya inútiles vestidos
y se tira, y la recibe, y se la traga
el agua negra y fangosa
del Riachuelo.

Y mientras el vacío lo circunda
ruega
que no sea
demasiado tarde...


*   *   *   *   *

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